Joven y
poderoso, el extraordinario Maseem encabezaba a los valerosos magos en la
última cruzada contra los legendarios Dragones al otro lado del mar.
Canalizando la energía vital de sus compañeros, Maseem controlaba las fuerzas
de la naturaleza con extremo poder, y en cada azote derribaba a una de las
grandiosas bestias voladoras. Una lanza de piedra fulminante atravesaba el
corazón de uno, un golpe de viento le cortaba un ala a otro. Sólo oía el sonido
del hielo al quebrarse en el roquerío tras un preciso ataque congelante a un
tercero… ellos, los seres más poderosos jamás conocidos en el mundo, eran
incapaces de hacerle frente. Sus números se reducían a un ritmo indigno de su
historia.
Hasta que finalmente sobre él se proyectó la
gigantesca sombra de Montka. El Rey de los Dragones, el gran mito que alimentó
la imaginación de cientos de generaciones, se alzaba imponente, extendiendo sus
enormes alas escamadas que eclipsaban al mismo sol y lanzando un rugido capaz
de alcanzar con seguridad los sitios más lejanos. Montka, el ejemplar supremo
de la especie suprema, que con su robusto cuerpo cubierto de escamas azabache,
una fuerza sobrenatural, inteligencia superior y enorme sabiduría había estado
reinando sobre los hombres impidiendo su ascenso por milenios, ahora se hallaba
frente a él, desafiándole a librar la más épica de todas las batallas. Maseem,
en la cúspide del poder humano, enfrentaba al Gran Rey por el derecho de gobernar
todas las tierras. Y no pensaba fallar. Sin amedrentarse ante tamaña criatura
no dudaba un segundo que era capaz de vencerle, que saldría victorioso y la
gloria infinita de la Creación recaería sobre él. Se prestó a iniciar su ascenso
y concentró todos sus esfuerzos en la manifestación definitiva de todo su
poder. Una gigantesca bola de fuego, tan grande como el propio Montka, se había
formado majestuosa sobre su mano alzada. El momento había llegado, y sin dar
cabida a la derrota, la extendió hacia su objetivo. La poderosa llama refulgió
brava y se extendió voraz hacia el Rey. Maseem sonrió al contemplar la
expresión máxima de su propia fuerza. El poder ilimitado que tanto anhelaba
había sido al fin alcanzado.
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