miércoles, octubre 24

Absoluto.



Joven  y poderoso, el extraordinario Maseem encabezaba a los valerosos magos en la última cruzada contra los legendarios Dragones al otro lado del mar. Canalizando la energía vital de sus compañeros, Maseem controlaba las fuerzas de la naturaleza con extremo poder, y en cada azote derribaba a una de las grandiosas bestias voladoras. Una lanza de piedra fulminante atravesaba el corazón de uno, un golpe de viento le cortaba un ala a otro. Sólo oía el sonido del hielo al quebrarse en el roquerío tras un preciso ataque congelante a un tercero… ellos, los seres más poderosos jamás conocidos en el mundo, eran incapaces de hacerle frente. Sus números se reducían a un ritmo indigno de su historia.

Hasta que finalmente sobre él se proyectó la gigantesca sombra de Montka. El Rey de los Dragones, el gran mito que alimentó la imaginación de cientos de generaciones, se alzaba imponente, extendiendo sus enormes alas escamadas que eclipsaban al mismo sol y lanzando un rugido capaz de alcanzar con seguridad los sitios más lejanos. Montka, el ejemplar supremo de la especie suprema, que con su robusto cuerpo cubierto de escamas azabache, una fuerza sobrenatural, inteligencia superior y enorme sabiduría había estado reinando sobre los hombres impidiendo su ascenso por milenios, ahora se hallaba frente a él, desafiándole a librar la más épica de todas las batallas. Maseem, en la cúspide del poder humano, enfrentaba al Gran Rey por el derecho de gobernar todas las tierras. Y no pensaba fallar. Sin amedrentarse ante tamaña criatura no dudaba un segundo que era capaz de vencerle, que saldría victorioso y la gloria infinita de la Creación recaería sobre él. Se prestó a iniciar su ascenso y concentró todos sus esfuerzos en la manifestación definitiva de todo su poder. Una gigantesca bola de fuego, tan grande como el propio Montka, se había formado majestuosa sobre su mano alzada. El momento había llegado, y sin dar cabida a la derrota, la extendió hacia su objetivo. La poderosa llama refulgió brava y se extendió voraz hacia el Rey. Maseem sonrió al contemplar la expresión máxima de su propia fuerza. El poder ilimitado que tanto anhelaba había sido al fin alcanzado.